5K Vedat Vilareal

Domingo, 27 de Mayo de 2018. Con una semana de puente llegaba la cuarta prueba del Circuito Diputación de Carreras Populares, 5000 metros que recorren parte del casco urbano de Vilareal.
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Cuando vas a por una carrera en la que el año anterior fracasaste de manera estrepitosa, es difícil no sentir un cierto temor a que la historia se repita, aunque ciertamente resulta del todo infundado, ya que ni las circunstancias ni la persona son las mismas, y, a decir verdad, en mi caso no pueden ser más diferentes. Por ello, procuro mantenerme centrado en mi objetivo, que en este caso tiene dos partes: conseguir la mejor clasificación posible, para mantener mi puesto en la general del Circuito, y bajar al fin de 19 minutos en la distancia. Curiosamente en varias carreras ya he conseguido marcar parciales de 5 kilómetros inferiores a este tiempo, pero por diversas circunstancias aún no lo he podido hacer en un 5K.

La salida es a las 10 de la mañana, y puesto que el lugar es muy cercano, no me veo obligado a madrugar mucho. A las 7 desayuno y vuelvo un rato a la cama, hasta que sea hora de ponerse en marcha. Como ya recogí el dorsal el Viernes, poco después de las 9:30 estoy aparcando el coche en el polígono industrial en el que se encuentra el concesionario de coches donde comienza y finaliza la prueba. Tiempo de sobra para cambiarme y calentar un rato por los alrededores, pulsando el ambiente que se respira.

Como siempre en este tipo de eventos, muchas caras conocidas, y entre ellas me interesa especialmente la de mi amigo Jorge, con quien voy a intentar compartir ritmo y esfuerzo, esperando poder estar a su altura. Le veo junto a su hermano Javier, y me uno a ellos en la última parte del trote previo a la carrera.

Ya colocados en la línea de salida, últimos instantes de nervios antes de la cuenta atrás, que termina y salimos disparados. Los primeros instantes son siempre un auténtico caos, centrado en coger ritmo, no tropezar con ningún corredor de la enorme cantidad que te rodea y encontrar un grupo que te interese. Esta vez al menos tengo claro a quién quiero seguir, y aunque en un primer momento me veo un poco descolocado, gracias a que las primeras calles son muy anchas y con pocos giros, en breve tomo mi lugar detrás de Jorge y estabilizo mi ritmo.

Salimos del polígono industrial y entramos en el casco urbano sobre la marca del primer kilómetro, que hemos cubierto en 3’32”. Entramos ahora en una parte con calles más estrechas y unas cuantas curvas de 90º. La cabeza de carrera ya se pierde de vista, y sigo tras Jorge a un ritmo realmente bueno, aunque en las curvas, que obligan a frenar y volver a recuperar, me noto algo justo. En el kilómetro 2 un vistazo al reloj me indica que lo hemos cubierto en unos magníficos 3’37”.

Afrontamos un tramo rectilíneo, con un cierto serpenteo entre casas. Jorge continúa firme en el ritmo, pero yo estoy empezando a notarme algo fatigado, y alcanzado el ecuador de la carrera me veo obligado a moderar la velocidad y dejar marchar a mi amigo. Al momento dos corredores que venían tras nosotros me adelantan, viéndome incapaz de evitarlo ni coger su estela. Termina la calle por la que veníamos y giramos a la izquierda en otra mucho más ancha, y poco después volvemos de nuevo a la izquierda para volver en la dirección contraria a la que traíamos, dirigiéndonos hacia el centro histórico de la villa.
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Paso por el kilómetro 3 y veo que han sido de nuevo 3’37” los que he invertido en cubrirlo. Sin embargo, ya en solitario y con una importante fatiga, noto que mi ritmo se resiente de forma inevitable, aunque procuro mantener la compostura y cuanta velocidad me es posible. La calle peatonal por la que avanzo, larga y recta, me permite comprobar que el terreno perdido con respecto a los corredores que me preceden tampoco es demasiado grande, y no aumenta de forma visible, lo cual me anima a seguir insistiendo en mi esfuerzo. Paso junto al ayuntamiento por la plaza Mayor y poco después la calle gira ligeramente hacia la izquierda. Veo que voy ganando terreno a dos corredores que iban en un grupo delantero, y consigo alcanzarles tras un cerrado giro a la derecha, al paso por el kilómetro 4. 3’50” ha sido el tiempo de este kilómetro.

Tras un giro a la izquierda nos alcanzan dos corredores, encontrándome ahora pues en un grupo de cinco. Quedan apenas 900 metros en una recta y un giro final para entrar en meta. Se nota que las fuerzas de todos están muy justas, y voy bien metido en el grupo, buscando mi momento. Al paso por una rotonda puedo ver ya la curva final, apenas 250 metros restan, y aprieto con todas mis fuerzas forzando un cambio de ritmo, decidido a entrar en solitario. En el grupo se encuentra un corredor al que reconozco de la clasificación de mi categoría del Circuito, y todo puesto que pueda ganar es bueno para poderme mantener en la pelea.
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Mi cambio es bueno, y giro ya hacia meta en solitario, parando el crono en 18’40”. He cubierto el último kilómetro en 3’43”. Mi puesto en la general ha sido el 33º, y en la categoría 9º. Los objetivos de hoy se han conseguido.

El agotamiento es enorme, y debo buscar enseguida un sitio donde sentarme e intentar recuperarme un poco, antes de poder siquiera cambiar las primeras impresiones con compañeros. En unos cinco minutos ya me encuentro mejor, y encuentro a Jorge, que finalmente llegó medio minuto antes que yo, y Javier, junto a otros compañeros de su equipo, Cucurbita Running. Entre batallitas de unos y otros me proponen que corra en su club, lo cual me parece una idea estupenda.

Así que me vuelvo a casa con una marca personal de 5K por debajo de los 19 minutos, recuperando un puesto en la clasificación general en mi categoría del Circuito Diputación y con un nuevo equipo. Ha sido sin duda una mañana de Domingo muy provechosa.

Datos de la carrera en Strava
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15K Nocturno Castellón

Sábado 19 de Mayo de 2018. Tercera edición de esta carrera nocturna de 15 kilómetros que recorre el centro y periferia de la ciudad de Castellón de la Plana.

Son pocas las carreras de esta distancia en las que participo. A medio camino entre mis numerosas 10K y las ocasionales medias maratones, es sin embargo habitual en mi entrenamiento. Pero la competición es algo muy diferente, y requiere encontrar un punto intermedio entre la salida a tope del 10000 y el punto de reserva con el que sales cuando te quedan 21 kilómetros y unos metros que recorrer.

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Tercer año que participo en esta carrera, transita por zonas que me son totalmente familiares, pocos secretos guarda el recorrido para mí, lo cual es siempre una ventaja importante. Con una marca de 1h10′ en 2016, y 1h3′ en 2017, este año el objetivo pasa por bajar de 1h, lo cual supone dejar la media kilométrica por debajo de 4 minutos. Después de las últimas competiciones se adivina bastante a mi alcance, pero si algo vas aprendiendo a lo largo de la práctica deportiva es que una cosa es lo que la teoría indica que puedes conseguir, y otra muy distinta lo que consigues en el momento de la verdad.

Las carreras nocturnas, frecuentes en la temporada estival y sus cercanías, como es lógico alteran notablemente la rutina de un día de competición matutina habitual. Como no tengo compromiso ninguno durante el día me dedico a descansar y guardar fuerzas. Mi única salida es a recoger el dorsal en la Plaza de las Aulas, punto de salida y meta. Como siempre digo, preparar una competición no es sólo entrenar y más entrenar, son muchas cosas y detalles los que hay que cuidar. Así que aprovechando mi salida reviso en un paseo parte del recorrido, que transcurre por calles céntricas estrechas y con firme irregular, para asegurarme de que no existe ningún obstáculo o novedad fuera de lo conocido.

Cuando la carrera es en casa, siendo esta una ciudad pequeña, el desplazamiento es inexistente, por tanto salgo de casa ya preparado para correr, y el trote hasta la salida me sirve de calentamiento. El comienzo está previsto a las 22:30, y 15 minutos antes ando ya por la plaza saludando a viejos y nuevos conocidos, muy pendiente de coger un buen sitio para salir, evitando así los atascos que se producen al recorrer los primeros metros calles de poca anchura.

Salimos, como siempre, a toda pastilla. Busco en un primer momento un ritmo algo conservador, pero evitando quedarme demasiado retrasado. Es un punto de equilibrio que me está costando encontrar en las últimas competiciones, y en demasiadas ocasiones acabo quedándome en tierra de nadie, mucho tiempo en solitario. En esta ocasión la mayor cantidad de inscritos ayuda a evitar que esto suceda, pero hay que tener en cuenta que salimos junto a los del 5K, que entran a meta al pasar de nuevo por Las Aulas, acabada la primera vuelta corta del circuito, y en ese momento puedes perder unos cuantos compañeros de viaje. Este es un punto también de cierta importancia a nivel psicológico, ya que ver personas que entran en meta cuando a ti te quedan aún dos tercios del camino, quieras que no, te puede afectar, y lo hace siempre en cierta medida. Hay que procurar estar concentrado y centrarte en tu carrera.

Así pues, estamos en los primeros momentos de la competición, y bajo a toda velocidad por la calle Enmedio, giro por una travesía aún más estrecha, llamada O’Donnell, y subimos de nuevo por Alloza, calles empedradas con firme irregular. Llegamos al primer kilómetro, y salimos a calles bien asfaltadas, para descender hacia el sur por la avenida Rey Don Jaime. Estamos en pleno centro de Castellón. Me noto con fuerzas y voy poco a poco aumentando el ritmo, entrando y saliendo de algunos grupos. Tras terminar la avenida y coger una estrecha calle Navarra para desembocar en Trinidad, llegamos al kilómetro 2. Poco después atravesamos a la calle Herrero por Jover, y nos dirigimos ahora hacia el norte, para girar enseguida en dirección al mar. Avanzamos hacia una zona más exterior, llamada el barrio de Grapa.

Pasando apenas a 500 metros de mi casa está el kilómetro 3, y saludo a mi padre que se ha acercado a animarme. Mi ritmo hasta ahora ha ido en progresivo aumento, desde los 3’55” a los 3’41”/km. Empiezo a dejar atrás a las personas que me acompañan. No quiero bajar el ritmo así que intento alcanzar a corredores disgregados que me preceden, los cuales van descolgándose de un grupo algo lejano para intentar alcanzarlo. De esta forma salgo de Grapa por la avenida Hermanos Bou, en el kilómetro 4, comandando un pequeño grupo de corredores que se van sumando a mi estela, sin poder evitar perder algo de ritmo.

Nuevo giro al terminar la avenida y de nuevo ya en la zona centro subimos por la calle Mayor a finalizar la vuelta pequeña. Esta zona se encuentra a estas horas llena de gente, y en su mayoría animan bastante. Noto que recupero algo de ritmo y me sitúo en torno a los 3’50”/km, que intento mantener como ritmo crucero.

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Paso junto a la meta, momento de centrarse y seguir adelante. Kilómetro 5, 19’14”. Me queda un único compañero de todo el grupo que integraba, y comenzamos el segundo paso por las calles del centro de la ciudad. En las rectas diviso a cierta distancia un grupo de unos 5-6 corredores, al cual no parecemos estar recortando distancia, aunque tampoco se nos van. En un momento noto que nuestro ritmo se está empezando a resentir, y a pesar de no notarme con demasiadas fuerzas, a mitad de la avenida Rey Don Jaime señalo a mi compañero que voy a intentar alcanzarles. Él me indica que prefiere mantener el ritmo actual, y aprieto un poco el paso dejándolo atrás en seguida. Estamos pasando por el kilómetro 7.

Hace un rato que pasé el kilómetro 8, y estoy dándome cuenta que en este caso mi persecución no va a tener éxito, ya que apenas he conseguido recortar unos metros, y a falta aún de 7 kilómetros para meta, además los que suelen resultar más complicados, por el extrarradio de la ciudad, estoy gastando demasiadas fuerzas, que luego pueden hacerme mucha falta. Llegando de nuevo al barrio de Grapa distingo a un corredor que se queda claramente descolgado del grupo, y me concentro en intentar llegar hasta él, cosa que consigo en el kilómetro 9, poco después de habernos desviado del recorrido de la primera vuelta, tomando dirección norte hacia la calle Columbretes y la piscina municipal.

Este corredor se nota desfondado, y lleva un ritmo bastante inferior al mío, bastante por encima de los 4’/km, pero no tengo más remedio que quedarme un momento tras él e intentar coger fuerzas para el último tercio de carrera. Esto permite que nos alcancen otros dos corredores, mi anterior acompañante y un compañero de su equipo. Aprovecho a recuperar ritmo colocándome tras ellos.

Giramos por la calle Pintor Carbó hacia la estatua de Tombatossals y pasamos por el kilómetro 10, 38’55”, parcial de 5 kilómetros en 19’40”. El objetivo se encuentra totalmente bajo control, rodando holgadamente por debajo de los 4’/km de ritmo medio. Es momento de dar el máximo para obtener la mejor clasificación posible, ya que esta carrera forma parte del Circuito Diputación de Carreras Populares, y estoy este año luchando por acabar en el top-5 de mi categoría, master-40.

Llegamos a la estatua y subimos hacia la Basílica de la Mare de Déu del Lledó por la avenida Lidón, girando a medio camino para volver por la otra calzada, y de nuevo en Tombatossals a la derecha subimos hasta el Camí de la Plana, donde hacemos una horquilla derecha-izquierda con un giro de 180º para dirigirnos hasta la popularmente conocida como Rotonda de las Cañas y girarla, bajando hacia la plaza María Agustina por la avenida Capuchinos.

Al poco de comenzar la avenida nos encontramos en el kilómetro 13, sólo dos restan para alcanzar nuestro destino final, y yo voy empezando paulatinamente a aumentar el ritmo, sin dejar aún atrás a mis dos compañeros, que han sido de gran ayuda en los tres kilómetros anteriores. Llegamos a María Agustina y podemos sentir la zona de meta muy cerca, pero aún nos queda 1 kilómetro y medio por recorrer, comenzando por la calle Alcalde Tárrega en dirección norte. En este momento nos alcanza un joven  corredor que lleva un ritmo bastante superior al nuestro, y decido intentar pegarme a él y aguantar. Puedo sentir que mis compañeros hacen el intento pero pronto les dejo de escuchar. Voy muy al límite, pero me agarro a su rebufo con uñas y dientes. Parece que voy a ser capaz de mantener la velocidad.

Llegamos al final de la calle y giramos a la izquierda para salir junto al estadio Castalia, y de nuevo a la izquierda. Quedan unos 800 metros por las calles San Roque y Sanahuja para volver a María Agustina y entrar en la plaza de Las Aulas, donde concluye la carrera. Inesperadamente el ritmo del corredor que me acompaña cae abruptamente, parece haberse quedado totalmente seco, y, tras un primer momento de sorpresa, acelero a tope para recorrer la distancia restante a la mayor velocidad que me sea posible.

El agotamiento es máximo. En esos momentos en mi mente suele formarse la imagen de un cuadro de mandos con todas las luces rojas de emergencia encendidas, lo cual es muy representativo de lo que siento. Dolor inundándolo todo, pero por otra parte plenitud absoluta. Es imposible explicar, se siente o no, se busca o no. No hay más. Estoy entrando en la Plaza María Agustina. Estos últimos 150 metros están llenos de gente que aplaude y grita dando ánimos, y eso te da un chute de adrenalina que te propicia ese último empujón. Me inclino, casi rozando a los espectadores, para tomar la curva a derecha hacia la calle San Luís a toda velocidad, y enseguida a mano izquierda entro en Las Aulas para impulsar las últimas zancadas y cruzar el arco de meta en el momento que el cronómetro marca 58’39”. El tercer parcial de 5 kilómetros ha sido de 19’42”, casi clavado al segundo. He bajado mi marca personal en la distancia, conseguida el año pasado en este mismo lugar, algo más de 5 minutos.

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En la zona de meta encuentro de nuevo a amigos y conocidos. Estoy realmente muy cansado, y al principio me cuesta incluso poder mantener una conversación. Esta es una distancia que resulta dura, pero los parciales de 5 kilómetros me indican que he sabido dosificar mis fuerzas bastante bien, y mantener el tipo en la última parte, que era hasta el momento donde había fallado siempre.

Mi puesto en la general ha sido el 45º y en mi categoría el 15º, algo más bajo de lo habitual debido a la mayor participación y nivel en general. En cualquier caso he cumplido el objetivo principal con bastante holgura, luego estoy satisfecho con el resultado.

Siempre se forma un buen ambiente runner en la plaza al acabar esta carrera, así que me quedo un buen rato charlando con un montón de gente, y cuando poco a poco me pongo a trotar suave hacia casa ya refresca bastante. Realmente a ratos me cuesta mantener la marcha, y he de parar a caminar. La cena y la cama esta noche serán mejores que nunca.

El entrenador decreta descanso total de domingo y lunes. Nada que discutir, gracias a su ayuda estoy consiguiendo resultados que hace un año no me los hubiera creído. El domingo que viene toca ir a Villareal a correr un 5K, cuarta prueba del Circuito Diputación, y de nuevo habrá que dar el máximo.

Datos de la carrera en Strava

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5K Solidaria Salesianos

Esta carrera de 5 kilómetros se celebra cada 1 de Mayo, Martes en esta ocasión, en el colegio salesiano San Juan Bosco de Burriana, y esta ha sido mi tercera participación. Es una carrera pequeña, modesta, pero bien organizada y con muy buen trato al corredor. Además por poco dinero, el cual va en su totalidad a proyectos solidarios.
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Esta vez no tenía muy clara mi participación, ya que estoy intentando centrarme en un par de circuitos provinciales, y para ello decidí con mi entrenador hacer menos competición preparándola mejor. Yo le había comentado que me gustaba hacer esta carrera, y que si encajaba en el plan me motivaba, pero dejé en sus manos la decisión final. Como no volvimos a hablar del tema no me hice idea de competir, incluso el Lunes fui a masaje y me pegué un capricho de comer con un amigo en un chino, cosas que jamás haría en un día previo a competición. La sorpresa llega cuando por la tarde me pasa el plan de entrenamiento y este incluye la carrera al día siguiente.

La salida es a las 10:30 y el desplazamiento de apenas 15 minutos, así que no me veo obligado a madrugar mucho, y desayuno a las 7 de la mañana. Lo cierto es que no haber llevado mi rutina habitual previa a competición me hace sentirme algo inseguro, pero tampoco le doy muchas vueltas. Simplemente intentaré hacerlo lo mejor que pueda, como siempre.

A las 9:30 aparco junto al colegio y me voy a inscribirme. Ya se ve ambiente y corredores dando vueltas por la zona. Cuando vuelvo al coche con el dorsal para prepararme me alegra mucho encontrarme con Oscar, al que hacía muchos meses que no veía en una carrera por un problema físico. Es un auténtico apasionado del atletismo y del deporte de competición, con el cual da gusto charlar y compartir experiencias.

Ya cambiado y calentando por el patio de tierra del colegio voy observando, como es habitual en el atletismo popular, la enorme amalgama y diversidad de personas que se lanzan a participar, sobre todo, en estas pruebas de corto kilometraje. Se acerca la hora de la salida y me coloco en segunda fila tras dos personas que identifico como “gente que va a salir a toda pastilla”. Hoy tengo intención de salir rápido pero con prudencia, sin dejarme llevar por el ritmo de cabeza de carrera que suele vaciarme a las primeras de cambio.

Se da la salida y en primer lugar damos una vuelta completa al patio del colegio, momento algo complicado en el cual es fácil perder alguna posición en los giros, y donde siempre hay alguna cerrada, empujón y codazo. Salimos entonces a la calle y un breve callejeo nos conduce al carril bici que rodea Burriana. Voy en este punto intentando mantener un ritmo fuerte pero sin excederme, adelantando a varios corredores que se me colaron en el patio, y al pasar un pequeño puente en el carril bici llegamos al kilómetro 1.

Me doy cuenta entonces que en esta ocasión no se ha salido demasiado deprisa, y me encuentro a menos de un centenar de metros de cabeza de carrera. Lo malo es que de nuevo estoy en solitario, y de esta forma a pesar de que el grupo no me gane distancia de manera notable, yo no voy a ser capaz de recortar. Opto, pues, por intentar mantener el ritmo y la distancia y ver qué pasa más adelante. Esto me permite al mismo tiempo ir adelantando corredores que se quedan descolgados.

Así sigue la cosa hasta el kilómetro 2’5, donde se encuentra un punto complicado, un giro de 180º donde se abandona el carril bici y se toma un camino con peor firme. Además en esta ocasión el viento, que nos venía a favor hasta el momento, comienza a soplar en contra. Puedo comprobar según voy llegando al giro que realmente la distancia que me llevan es pequeña, pero al cruzarme veo como en este momento se están produciendo ataques que estiran y rompen el grupo. Así pues, tras el cambio de sentido veo ante mí a varios corredores que se han quedado desperdigados, y me propongo alcanzarlos y dejarlos atrás si puedo.

Antes del kilómetro 3 he conseguido adelantar a uno, y llego hasta un grupo donde van dos del equipo local Amics del Clot y un tercero muy joven con la camiseta del Playas de Castellón. En este punto se encuentra otra complicación, un tramo sin asfaltar de unos 250 metros, que paso sin más problema. Uno de los corredores locales se ha quedado atrás, y formamos ahora un grupo de tres.

Veo delante a no mucha distancia un corredor, pero noto que empiezo a ir algo justo de fuerzas, y después de tanto ir en solitario decido resguardarme un poco a espaldas de mis compañeros y guardar un poco de energía para el callejeo del último kilómetro. En ese momento ambos empiezan a recortar subiéndose por todas las aceras, cosa tristemente habitual en estas carreras, y que no comparto, con lo cual al ir yo por la calzada me sacan unos metros en cada curva, que yo recupero rápidamente en la recta. Esto hace que mis compañeros me miren con cierto recelo esperando un cambio de ritmo en cualquier momento. Y no se equivocan.

El momento llega a 500 metros de meta, y consigo despegarme del segundo corredor local, pero mi joven compañero playero va a ser un hueso duro de roer en el sprint final. Entramos de nuevo en el colegio y rodeamos el patio a toda velocidad. Aprieto cuanto me es posible, pero mi adversario me derrota con facilidad.
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Desde el año pasado con la vuelta inicial al patio del colegio la distancia supera ampliamente los 5000 metros, y eso se deja notar en mi tiempo final: 19’51”. La clasificación resulta mucho más satisfactoria, 16º en la general y 11º de la categoría, que en este caso es senior. Como buen detalle me quedo con que el ganador de la carrera me ha sacado poco más de minuto y medio.

Datos de la carrera en Strava: 5K Solidaria Salesianos Burriana

 

10K Ojos Negros

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Domingo 15 de Abril de 2018, mi tercera participación en esta carrera de 10 kilómetros que discurre en su mayor parte por la vía verde Ojos Negros entre Jérica y Navajas, enmarcada en un evento junto a otras dos distancias, la media maratón partiendo en Caudiel y la maratón desde Barracas, ambas con la misma meta que la 10K.

Las tres pruebas tienen salida simultánea a las 9 de la mañana, y hay autobuses que te llevan al punto de partida. El autobús del 10K sale a las 7:45, así que el día comienza muy pronto para mí, y a las 5 ya estoy desayunando, de modo que a las 6:30 me pongo en camino y estoy aparcando en el polígono donde salen los buses poco después de las 7.

En estas fechas siempre hace frío a esas horas de la mañana, pero yo salgo ya con la ropa de competición lista. Es un rato que hay que aguantar el fresco, pero afortunadamente este año la temperatura es bastante más suave que ediciones anteriores, y por otra parte la organización de los autobuses ha mejorado mucho desde la primera vez, y unos minutos antes de las 7:45 podemos subir y resguardarnos en los asientos.

El viaje en nuestro caso es corto, y a las 8 desciendo del autobús en Jérica. Me dejo caer por la leve pendiente que lleva a la Plaza de la Libertad, punto de partida de la prueba. Faltan unos 45 minutos para empezar, y voy activando el cuerpo mientras en mi mente repaso el objetivo y la estrategia a seguir.

El peculiar recorrido de esta carrera, de un sólo sentido y en gran parte descendente, la hacen adecuada para correr muy deprisa y atacar mi marca personal, 37’14”, conseguida en Benicasim en Enero de este año. En pasadas ediciones he llegado a rebajar mis marcas más de minuto y medio, pero este año en este nivel de marca se me antoja difícil poder realizar una rebaja tan grande, y me propongo estar por debajo de 37′.

Como todos los años la participación ronda los 500 corredores, y reconozco vagamente algunas caras según la hora se acerca y termino el calentamiento para colocarme en primera fila de salida, en la situación que mejor se adecúa para tomar las primeras dos curvas que conozco perfectamente. Este año incluso he subido varios días a entrenar el recorrido, y lo tengo muy bien estudiado. Hay que procurar ir mejorando en todos los aspectos posibles para obtener mejores resultados.

Llegan las 9, disparo y salimos a toda velocidad. El primer kilómetro es en bajada bastante pronunciada, y me mantengo en el paquete de cabeza, que si bien se va estirando es bastante numeroso. Tengo muy presente los errores de ritmo que he cometido en mis últimas carreras y que me han costado bastante caros, y en esta ocasión voy controlando para apretar y coger buen sitio pero sin excederme. Curiosamente el ritmo de salida no es tan alto como en la mayoría de carreras en las que participo, y completo el primer kilómetro aún en el grupo cabecero.

En este punto se encuentra el repecho más largo y pronunciado que hay, de unos 200 metros, que termina en la entrada a la vía verde. Bajo un poco el ritmo para subirlo rápido pero sin asfixiarme y permito que el grupo se me marche, quedándome junto a otro corredor, al que dejo atrás poco antes de coronar. Por mitad del repecho observo que el grupo cabecero se rompe en dos, y los de delante toman una velocidad muy alta, perdiéndose enseguida de vista.

Ya en la vía verde la pendiente es de nuevo favorable, y subo el ritmo todo lo que puedo con intención de recortar distancia al segundo grupo, formado por unas 6 personas, que me lleva alrededor de 30 ó 40 metros. Pronto llego al kilómetro 2, y noto que a pesar de estar avanzando en torno a los 3’40”/km no estoy recortando terreno de manera apreciable. Por otra parte, el viento, que en años pasados había sido inexistente o favorable, en esta ocasión sopla en contra con una cierta intensidad. Esto hace que empiecen a surgir las dudas, pues intentar ir más deprisa no me parece buena opción. Un vistazo atrás me revela gente suelta y a considerable distancia, así que no queda otra que insistir en la caza.

En el kilómetro 3, según la pendiente favorable va perdiendo intensidad, al fin percibo cláramente que empiezo a acercarme, y esto me anima a apretar un poco más.

Pero cuando me encuentro a escasos metros de cazar sucede lo imprevisto, que cambiará todo el plan y me obligará a improvisar. El grupo se disgrega por completo en gente solitaria y parejas.

Así pues, los kilómetros 4, 5 y 6 se convierten en un continuo alcanzar corredores, parar un momento tras ellos, y seguir hacia adelante a por el siguiente. De esta manera termino por adelantar a todos los integrantes del segundo grupo, y alrededor del kilómetro 6 alcanzo a dos corredores del grupo que se fue adelante en el repecho.

En este punto comienzo a notar que mis fuerzas empiezan a estar ya muy justas, aunque a lo lejos veo a una persona suelta y decido pasar adelante y apretar un poco a ver si hay posibilidad de darle alcance, pero pocos metros después, entrando ya en los túneles que nos dejarán a 3 kilómetros del final, me doy cuenta que está demasiado lejos y empiezo a flaquear notablemente, así que me dejo caer de nuevo y me pongo tras uno de los dos corredores que me acompañan.

Salimos del último túnel, y a pesar de ir resguardado por un compañero bastante corpulento, el viento en contra empieza a notarse cada vez más debido a la gran cantidad de esfuerzo que he realizado. Cuando llegamos a 2 kilómetros de meta, en la zona de la urbanización Altomira de Navajas, la agonía me empieza a resultar de lo más insufrible, y dejo pasar al segundo corredor, colocándome a cola de grupo. A pesar del enorme dolor y el agotamiento sé que debo intentar aguantar, ya que estamos en terreno llano, pero poco después del último kilómetro la pendiente vuelve a ser claramente favorable hasta meta. Por otra parte, el ritmo medio que marca el reloj indica que la posibilidad de alcanzar mi objetivo pasa por mantener el esfuerzo y no bajar el ritmo ni un solo momento.

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Dejamos la vía verde al fin y con un giro de 180º entramos en las calles de la urbanización. Último kilómetro, y el corredor que va en cabeza de grupo aumenta el ritmo de forma bestial. El segundo responde, pero yo no soy capaz de seguirles, las balas se me han terminado hace un rato ya. Veo cómo me van cogiendo unos metros poco a poco mientras intento mantener el ritmo en la medida de lo posible, y me propongo mantenerlos a la vista al menos en las rectas. La agonía se está volviendo realmente grande, y tengo que poner toda mi voluntad para no bajar la velocidad.

Al fin está llegando la parte final, y me lanzo por una pronunciadísima cuesta abajo entrando en el pueblo de Navajas. Hay varias bajadas y giros, y apenas acabo de perder de vista a mis compañeros de viaje, que a pesar de todo me han sacado escasos segundos. Paso bajo la vía de tren y una breve subida me deja en la última curva, que tomo a toda velocidad para encarar la recta de meta, de unos 150 metros, que desciende suavemente al principio para volverse después totalmente llana.

El crono marca 36′ y muchos segundos. Menos de 20” para cubrir la distancia que me queda. Puedo hacerlo. Aprieto los dientes y acelero a tope. Inmediatamente mi cuerpo aúlla de dolor, lleno de ácido láctico hasta los topes, las piernas amenazan con abandonar, pero sé que no lo van a hacer.

Recuerdo los entrenamientos de los últimos sábados, haciendo rectas de 100 metros a tope.

Aprieto los músculos del tronco, alargo la zancada, impulso hacia adelante con todas las fuerzas que me quedan.

Cruzo la meta como un cohete. 36’56”.

Lo he conseguido. Menos de 37′ para completar 10 kilómetros. Se dice rápido, pero el esfuerzo necesario para conseguirlo es extraordinario. No sólo el realizado en la carrera, sino el de todos los entrenamientos que te llevan a estar preparado para intentarlo. Los días de frío, de lluvia, en los que te quedarías junto a la estufa, y sin embargo sales y entrenas con más fuerza que nunca. Todas las vueltas en la pista, los kilómetros por los caminos y las horas de gimnasio. Todo vale la pena cada día, y en el momento de cruzar la meta cobra más sentido que nunca.

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El público aplaude y jalea, el responsable de la organización me estrecha la mano y felicita, y según me dirijo a la zona de avituallamiento me entregan la medalla de recuerdo, la tercera para la colección.

El esfuerzo ha sido brutal, y voy recuperando poco a poco la respiración mientras como y bebo algo, y cambio impresiones con los compañeros que han finalizado la prueba. Ahora queda dar un paseo hasta el coche que quedó en la salida de autobuses y volver a casa con la enorme satisfacción de haber cumplido con un objetivo que era todo un reto.

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Creo que me he ganado una buena siesta esta tarde.

Datos de la carrera en Strava: https://www.strava.com/activities/1509545455

Día de carrera.

Llega el momento, la hora de la verdad. Hoy es la carrera para la que me he estado preparando, física y, sobre todo, mentalmente. Sé que puedo hacerlo, y además bien. Esos pequeños demonios que te susurran cosas desagradables al oído los tengo ya más que enterrados en un aura de pensamiento positivo que intento agrandar cada día que pasa.

El objetivo: bajar de la hora que me costó hacer los 10K de entrenamiento el Martes. Cualquier cosa que sea llegar y ver un 5 como primer número en el crono, será una gran alegría.

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¡Vamos al tema! Suena el despertador, las 7 de la mañana. La carrera comienza a las 9, e imagino que serán puntuales. No hace falta comentar una vez más mi total desconocimiento del mundillo. Por si acaso quiero ir con tiempo.

Mi aparato digestivo está, como siempre, dando la nota, pero pretendo ignorarlo completamente. Hoy nada va a poder pararme. Decido no desayunar, para evitar darle la ocasión de crearme más problemas. Ayer cené bastante bien, con eso bastará.

Anoche ya coloqué el dorsal en la camiseta, y lo dejé todo preparado. Me visto y preparo la mochila. Son las 8, hora de marchar. Supongo que el tema de aparcar no va a estar fácil, pero confío en conocer la zona bastante mejor que mucha gente que vendrá de fuera.

Aún así, unas cuantas vueltas me toca dar hasta que localizo un sitio. Por todas partes se ve gente preparándose para la carrera. Me dejo la ropa de correr, me pongo las zapatillas y camino hacia la salida. No está lejos, apenas unos cientos de metros. Veo gente que corre, van calentando ya. Yo les imito, así llegaré antes a la salida, aunque lo que importa es llegar a meta.

Ya veo los arcos de salida, el del Maratón a la izquierda, y la 10K a la derecha. Me pongo en la parte trasera y me fijo en lo que la gente hace. Corren, estiran, calientan los músculos… pues yo igual. Con el tiempo ya me crearé una rutina como tenía cuando iba a las carreras ciclistas. De momento habrá que ir probando e improvisando. Talones arriba… rodillas arriba… dando saltitos… carrerita arriba y abajo. Ya vale, que me voy a quemar de tanto calentar.

He hablado con algunos amigos y conocidos que van a hacer la Maratón, así que me acerco por la zona de su salida a ver si les veo. Uff, hay muchísima gente, y además yo estoy bastante nervioso, no consigo ver a nadie. Son las 8’42, y el speaker está recomendando que nos vayamos acercando a la salida. Pues yo no me voy a hacer de rogar.

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Hay unas cintas que separan distintos espacios, y la gente está entrando. Una vez más, imito lo que veo hacer, y entro en el espacio de la parte trasera. Supongo que es el de los que vamos más despacio. Aunque bien visto, quizá ese era quedarse detrás de la última cinta, porque aquí estoy bastante cerca del arco. Bueno, da igual, se me han colocado lo menos 100 personas detrás, ahora ya me quedo aquí.

8’55 y suena música de guerreros espartanos, esto está que arde. La sangre me corre a toda velocidad por el cuerpo. Tengo claro que no puedo salir a todo meter, que debo coger mi ritmo desde el principio. Pero claro, es que con esta música cualquiera se contiene… jajaja.

¡¡Salida!! Allá voy, rodeado de miles de personas, bajando por la Avenida Morella a toda velocidad. Comienza a funcionar el chip… “no te pases de vueltas”, “guarda energías”. Antes de girar a la izquierda a la altura de El Corte Inglés ya me ha pasado un montón de gente. No pasa nada, yo tengo mi ritmo.

Mira, ahí va mi amiga Begoña. Aquí todavía soy capaz de saludarla. Parece que lleva un ritmo, con sus compañeros de equipo, que puede ser bueno para mí. Me obliga un poquito pero sin quemarme.

Como quien no quiere la cosa, ya llevamos 3 kilómetros. Estamos bajando por la calle Gobernador. Miro mi cronómetro, multiplicando 3X6 para saber el tiempo que reflejaría de ir a 6 minutos el kilómetro (lo he probado, y no soy capaz de dividir según voy corriendo ahora… jajaja). Con 18 minutos estaría justito en el tiempo de hacer una hora. El reloj marca algo más de 16… esto marcha bien.

Casi llegando al 4 nuestros compañeros del Maratón se separan de nosotros, girando a la derecha por Orfebres Santalínea. No se puede expresar fácilmente la admiración que siento por ellos. Ha sido más que un honor acompañarles durante el principio de su gran batalla.

Ya se ve al fondo el final de la Avenida Casalduch, avituallamiento y kilómetro 5, mitad de carrera. Antes paso por donde están mis padres esperando a verme pasar, las únicas personas que van a hacerlo, claro. Mis amistades actuales no son muy fans del running, ni de levantarse los Domingos a las 9 de la mañana, como no lo era yo hasta hace poco.

Cojo una botella de agua en el avituallamiento, y no sé realmente para qué. Apenas soy capaz de mojarme los labios un par de veces y me deshago de ella. Sólo me ha servido para perder el ritmo y descolgarme un poco del grupo en el que iba, y no creo que vaya a ser capaz de recuperar terreno. No me siento agotado, pero tampoco muy sobrado de fuerzas.

Comenzamos la subida por la Avenida Valencia, y al otro lado de la mediana se ve un montón de gente que está terminando el tramo y afrontando los últimos giros.  A mitad de la avenida coinciden los kilómetros 6 y 7, uno a cada lado. Este es el tramo que, curiosamente, se me hace más corto. En un momento estoy subiendo, y al siguiente estoy bajando.

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Vistazo al crono… 7X6 = 42… apenas llegan a 39 los minutos que observo. Lo tengo al alcance de la mano, pero si el anterior kilómetro se me ha hecho corto, este está pareciendo no acabar nunca. Acaba la Avenida Valencia y giramos hacia Pascual Asensio. No me había dado cuenta nunca, pero esta calle lleva una leve pendiente que me está deshaciendo las piernas por momentos.

Giramos, kilómetro 8… quedan 2 kilómetros de recta, remontando la Gran Vía hasta el Parque Ribalta, y un zig-zag antes de ver el arco de la meta.

Ahora sí que empiezo a ir realmente fundido. Empieza a pasarme bastante gente, aunque hay otros también que se quedan atrás, incluso algunos que se paran con claros signos de calambres.

Allá está el 9… un rápido vistazo al crono… 6X9 = 54… algo más de 51 minutos.. esto ya no se me escapa.

Ya está ahí Ribalta. Curva a la derecha, y rápidamente a la izquierda. La gente me pasa a toda velocidad, pero da igual. Acelero lo que soy capaz, que es más bien poco, al girar esa última curva. Ahí está la meta. Oigo al speaker que anima, pero parece estar muy lejos.

Cruzo la línea de llegada, sobre la alfombra con el control del chip, y oigo como este emite el correspondiente pitido. Paro el crono… 55 minutos y 34 segundos.

Si he de ser sincero, casi no me acuerdo de lo que sucedió desde esa última curva hasta que estaba en el avituallamiento de meta con medio plátano y un Powerade en la mano. Recuerdo la alegría de haber conseguido un crono realmente mucho mejor del que esperaba… quedarme mirando esos 55’34” un rato recreándome en el esfuerzo recién concluido. Creo recordar también cruzarme con Begoña, que llegó un minuto antes que yo, y saludarla. Poca cosa más.

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Ha terminado el dulce sufrimiento, y empieza la dulce recuperación. Si uno tiene la suerte de contar con un amigo masajista que le espera en meta, y además tiene un centro muy cercano a dicho lugar, donde ducharse y recibir estiramientos y masaje… estamos hablando ya de un perfecto final.

Hay momentos en la vida para recordar. Sin duda el Domingo 6 de Diciembre de 2015 va a ser uno de ellos.

Es sólo el principio, hay mucho más por venir. ¡Hasta pronto!.

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¡¡Mañana es el día!!

En menos de 24 horas ya habré cruzado la línea de meta en el Parque Ribalta de Castellón de la Plana, y atrás quedará mi primer desafío de 10 Km. Algo me dice, que se me va a hacer corto.

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El objetivo, aparte de seguir aprendiendo cosas en esta nueva aventura, es rebajar la hora que tardé en el último entrenamiento sobre los 10k que hice el Martes cuanto me sea posible. Llevo toda la semana visualizándome a mí mismo cruzando la meta y viendo que el primer número del crono es un 5. Mañana llega el momento de hacerlo suceder.

He de confesar que una de mis mayores preocupaciones es intentar concentrarme en seguir mi ritmo al principio de carrera, y no emocionarme a seguir ritmos excesivos que luego me hagan pagar un alto precio en los últimos compases. Hasta ahora, lógicamente, siempre he corrido en solitario en los entrenamientos. Hace años, cuando competía con la bicicleta de carretera, ya pagué bastantes novatadas intentando meterme donde no era mi sitio. Al final, ibas conociendo a la gente habitual, y ya sabías a quién te convenía acercarte y a quién no. Pero claro, nuevo mundo, nuevas novatadas… ¡paciencia!

La salida será a las 9 de la mañana, y el recorrido podéis verlo en la imagen. Una amplia vuelta por esta ciudad en la que vivo, prácticamente llano del todo, y en su mayor parte rodeado de edificios que evitarán en cierta medida que el viento nos haga sufrir demasiado. Un recorrido perfecto para un novatillo como yo. Además conozco el terreno perfectamente, y recuerdo de aquellas carreras ciclistas que eso comporta una gran ventaja.

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Si alguno de vosotros, mis queridos lectores, vive por aquí y tiene intención de ir a ver pasar la carrera, y si además consigues verme entre los miles de personas que correremos, te agradeceré mucho ese grito de ánimo. Llevaré puesta en la cabeza una banda elástica de color azul (la de la imagen), camiseta de manga larga negra y roja, pantalones negros con mallas de color verde fosforescente, y deportivas y calcetines de color rojo. Dorsal 3739. Iré en la parte trasera, y si es a partir del kilómetro 5, probablemente resoplando cual jamelgo.

En lo que queda de tiempo, 5 Km suavecitos, descansar y afeitarme estas barbas que llevo. Y mañana, como dijo mi amigo Jorge… ¡¡A volar!!

Mi nueva aventura.

Esos últimos días, hasta que llega el momento de la verdad, en que vas contando las horas, pero las horas no pasan.
Este domingo participaré en mi primera carrera a pié. 10 kilómetros, dando una amplia vuelta por la ciudad de Castellón de la Plana. Todo un reto para mí, teniendo en cuenta el largo período que he permanecido alejado del deporte desde que abandoné la bici, y los problemas físicos que me han venido molestando en los últimos años, fruto, a mi modo de ver, entre otras cosas, precisamente de lo sedentario de mi vida cotidiana.

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Y de pronto llega un momento en que, sin esperarlo, encuentras algo que te hace comenzar de nuevo a moverte. Mucha gente se refiere a ello diciendo que “algo dentro de ti hace clic”, y es una buena forma de expresarlo. El deporte no es distinto de cualquier otra de las actividades que componen nuestra vida: requiere una motivación. A veces nos encontramos con dificultades para encontrar palabras que describan la razón que hace nacer en nuestro interior esa fuerza necesaria para dedicarle nuestro tiempo y esfuerzo a algo, pero este no es mi caso.
Yo tengo muy presente mi motivación. Puedo explicar con pocas palabras y de forma clara la razón que me hace calzarme las zapatillas cada entrenamiento, y recorrer en el menor tiempo posible la distancia que me he marcado. Sencillamente, me hace sentir bien.
Parte de los problemas físicos de que os hablaba provienen de mi aparato digestivo, que por lo visto venía con piezas de segunda mano. Os aseguro que hay días al levantarme que me parece imposible poder salir de mi casa. Hay momentos en que tengo mi material de correr preparado sobre la cama y mi cuerpo está en plena rebeldía. Es sobradamente conocido el componente psicológico de cualquier enfermedad.

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Sólo he que vencer esa pequeña batalla contra mí mismo, salir a la calle y empezar a correr. Como por arte de magia el dolor se esfuma, las malas sensaciones desaparecen por completo. Sólo quedo yo, golpeando el asfalto con mis pies, luchando por completar el recorrido que me he propuesto. Y la aplicación del móvil, claro, que cada cierto tiempo va “animándome” a su manera, con su femenina y robótica voz.
El Domingo es el día de cruzar la primera de todas las metas que vendrán después. ¿Especial por ser la primera? Sin duda lo es. Pero créeme, sin cada pequeña meta alcanzada a diario, sería impensable llegar hasta ella.

Cuando el dolor te abandona.

Hasta cuando perdemos el norte seguimos llevando alguna dirección.
Corto es el tiempo de que dispongo para demostrarte que no me sobras en absoluto. Miro sobre mi hombro y dejo escapar una breve sonrisa, esperando que sepas captar su significado, o al menos conseguir que signifique algo para ti.

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Ya hace tiempo que dejamos pasar la oportunidad de conocernos mejor, y gracias a ello, ahora nos conocemos mucho menos. No siento que sucediese, todo es mejor ahora, con mucho más espacio, más aire, y menos ruido.
En esas noches en que el viento aúlla en el pasillo y la lluvia golpea las ventanas, puedo notar cada minuto sobre mí, como esa pendiente que te invita a deslizarte por ella, sin importar a dónde conduce, y cuál es su final.
Sabes que voy a estar aquí, no me moveré, pero no pienses que te estoy esperando. Simplemente ya terminé. Encontré el final del camino, llegué a mi destino.
Puedes sentarte y esperar, puedes tardar cuanto quieras, yo no tengo prisa. Mi dolor ya es historia, lo de hoy es ya otra cosa. Si te fijas atentamente verás que mi sonrisa es una grotesca y teatral mueca que apenas convencería a un ingenuo, o a quien poco le importo.
Seguimos adelante. Es lo realmente importante. Es lo único que tenemos, y es prestado.

Estoy preparado.

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Un buen lugar para perderte en mis pensamientos.
¿Qué puedes traerme?
Si te llevaste todo lo que tenía,
y ahora no puedo vivir sin tu sonido.

Perderte fue terrible.
Encontrarte aún fue peor.
Y no se cuál de las dos cosas sucedió antes.

Sé que vienes.
Te estaré esperando.

Estoy preparado.

Deja vu

Siempre podemos darnos otra oportunidad.
Aunque, a decir verdad, el tiempo no pasa en vano, y cada vez cuesta más tirar el dado de nuevo tras volver por enésima vez a la casilla de salida.
La sensación de déjà vu se acentúa con el devenir de los años, con el cúmulo de experiencias vividas. Cada una distinta, y todas con su punto de unión en el centro de nuestro universo particular.
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¿Acaso podemos dar un paso que no haya sido ya dado antes?
¿Acaso podemos lanzarnos a una nueva aventura sin pensar que acabará donde acabaron todas las anteriores?
Sin una respuesta clara a las preguntas y, ¿por qué no admitirlo?, las inseguridades que van inundando nuestro sentir, como una marea que pretende arrastrarnos cada día que pasa, seguimos adelante con la vista irremediablemente fijada en el mañana. La mirada en la lejanía de lo que está por venir.
De esta forma, nuestra capacidad de aventurarnos a vivir fuera de nuestra burbuja y de arriesgarnos a lo desconocido, se esfuma sin casi darnos cuenta. ¿Acaso no es necesario poder olvidarnos del futuro y vivir el presente para poder embarcarnos en una empresa con destino incierto?

Desde mi casilla de salida observo como los demás juegan su partida.lluvia en la ventana En la seguridad de mi hogar, me asomo a la ventana y veo como la lluvia cae sobre las sombras que avanzan por la calle.
Son días de dejar pasar el tiempo. Dejar pasar la vida hasta que llegue una nueva ocasión, algo que vuelva a encender la chispa que duerme en lo más profundo de mí. Los recuerdos llenarán libros que se quedarán apilados sin sentido en cualquier estante de la memoria. La lluvia en las calles se secará, y todo será olvidado, para dar paso a un nuevo día de sol.

Pasa el verano, y llega el invierno, que de nuevo traerá hasta nosotros una nueva primavera. Un nuevo mes de Abril, como aquél que se quedó atrapado para siempre en un lugar prohibido.
Por más que queramos, la esperanza nunca morirá en nuestros corazones, aunque en nuestro pensamiento la dejemos apartada para abandonarnos a la más dulce de las soledades.

rafathan

Mientras la brisa del mar me acompaña en mi paseo, y observo a los últimos veraneantes que apuran el nublado día de mediados de Septiembre, los pequeños susurros de mis pensamientos vuelven, y aquí se quedan para ti.